Muchos aficionados a los perros me han formulado la pregunta con que titulo este artículo. Sin dudas les surge la pregunta al enterarse de la forma en que son capaces de luchar hasta la muerte, del valor, decisión y temeridad - inconciencia estoy por decir- con que acometen al jabalí, al puma o cualquier otra fiera contra la cual su amo lo anime. De esta condición de su valor, ya legendario, viene la duda de que sea una raza de perros feroces, que atacan al primer ser humano que tienen a su alcance.
Quien haya tomado contacto con un Dogo Argentino, sea por poseer uno, o por haberlo tratado ya en exposiciones o casa de amigos que lo poseen, comprenderá que lejos se está de la verdad cuando se lo supone un perro feroz.
El dogo es el más dócil y manso de los perros de presa y sin duda que ni aún los falderos tienen la bondad y paciencia para soportar las torturas que él es capáz de soportar de los niños.
En mis largos años de contacto directo con ellos y con criadores o poseedores de Dogos Argentinos, jamás me he enterado que un dogo haya mordido a alguien, y menos a un niño.
He visto a mi viejo Kob de Las Pampas, cazador de infinitos jabalíes, que tiene en su haber luchas mano a mano, y solo, en la cordillera, con enormes jabalíes y que ha luchado decenas de veces con pumas adultos en los montes, que tiene mil cicatrices en la cabeza y en el cuerpo; que ha demostrado un valor increíble y una verdadera ferocidad en su lucha con pumas adultos enjaulados, hábiles y experimentados en la pelea, que varias veces lo he recogido en el monte a punto de morir desangrado por haber luchado hasta el final y solo, en medio de la cordillera nevada, lo he visto, digo, aguantar pacientemente las más dolorosas herejías que suelen hacerle los niños, sin mostrar enojo, gruñir y menos intentar un tarascón.
Cuando ya no puede sopòrtar más, suele esconderse bajo las camas y escapar así al cariño, a veces inocentemente cruel, de los chicos que tanto lo quieren y juegan con él como si fuera uno de los suyos.
Esa cualidad de ingénita bondad es, por otra parte, natural en un ser valiente. Desde la más ínfima escala zoológica, hasta el hombre, es conocido el hecho de que, a mayor cobardía, mayor crueldad.
La historia y la criminología nos enseñan que mientras más crueles han sido los tiranos o los delincuentes, mayor fue su cobardía. Duro con los de abajo, blando con los de arriba. Por el contrario, los gobernantes u hombres comunes valientes, suelen ser bondadosos y de gran generosidad.
Un Dogo, por bravo que sea, por buen guardián que se muestre, cuando ha comprendido por los actos amigables de su amo, que un visitante es bienvenido a la casa, ya no intentará jamás morder a esa persona, con la que se mostrará amigable en el futuro.
En lo que respecta al amo, la sumisión del dogo es total y absoluta. Le pertenecerá íntegro a él y a su familia; dócil, afectuoso, siempre dispuesto al cariño, con una ingénita bondad sólo comparable al más sumiso de los Spaniels.
Concluyo pues sin hesitaciones, que el Dogo Argentino no es un perro feroz -que significa malo sin discernimientos-, sino que es un perro valiente, que involucra una condición muy distinta y hasta opuesta a la ferocidad. Porque valiente significa que es decidido para la lucha, tenáz en el combate, capáz de asimilar el castigo sin protestar, sin aflojar un ápice en la contienda, de luchar hasta el sacrificio de su vida, cuando es menester acabar con una fiera a la cual su amo lo ha enfrentado y atacar siempre, ir siempre adelante mientras su amo se lo ordene, o por propio impulso si está solo en el monte, sin pestañar y sin retroceder un paso, sin ceder jamás el terreno. Su sino, de vencer o morir, está marcado en el genotipo de la raza. Tiene en su genética un ancestro de valientes a los que siempre hará honor; en su árbol genealógico figuran las razas de mayor coraje en el mundo de los cánidos. Es un soldado de fronteras, que debe estar dispuesto a cualquier cosa, menos a defeccionar en el combate.
AGUSTIN NORES MARTINEZ - JUNIO 1965
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